Taller de riego

FECHA: (última modif. )

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En un huerto urbano comunitario de Madrid se acaba de instalar todo el sistema de riego. Lo ha puesto una sola persona, la señora Juliana, en un tiempo record: un total de 10 minutos para una extensión de 800 m2 cultivables, más de 2.000 metros lineales de tuberías, infinidad de empalmes, tres rollos de teflón y un programador made in Taiwan. El secreto: La señora Juliana fue al taller de riego impartido en el Centro de Educación Ambiental del Retiro por los maestros Talma Alba y Luciano Labajos.

El equipo de Ciudad-Huerto ha tenido la oportunidad de charlar con la señora Juliana, para intercambiar impresiones sobre el desarrollo del taller.

– Buenos días señora Juliana. Vemos que ha instalado usted sola el riego del huerto sin ayuda de nadie ¿Tan provechoso le fue el taller?

– Pues, mire usted hijo, si le tengo que decir la verdad me pareció mu apañado el curso. Yo no tenía ni idea de esto cuando me fui para allá… Nos enseñaron a hacer un cálculo de las necesidades de riego y de materiales para nuestro terruño… Pero si quiere que le diga la verdad me faltó algua cosa en el tema de los cálculos. Y se lo digo yo que tengo 87 años para cumplir 88. La chica aquella… ¿cómo se llamaba?

– Talma

– Eso, Salma… Pues la Selma se veía que sabía mucho, y nos hizo calcular la presión del agua, el caudal inicial, el caudal del tubo, el caudal del Mar Caspio en años lluviosos, el Canal de Isabel II, el índice de variación de la velocidad del agua por el movimiento de traslación de la Tierra… Todo eso muy bien… Pero se dejó de lado cosas tan importantes para el cálculo del agua como el índice del efecto inverso de la conductividad del agua cuando va cargada de iones negativos o el variante de la pérdida de presión provocada por las auroras boreales en los años bisiestos. Y sin estas dos variantes el caudal resultante para cada hidrozona puede variar entre 0,005 y 0,00006 mm3 de agua por metro cuadrado en cada bancal…

– ¿Y es para tanto?

– Claro que sí hijo, ahí está la diferencia entre tener un sistema de riego muy-bien o tenerlo como el mío. Pero tengo que decir que muy maja la chica ésta, Telma, o como se llame. Me gustó mucho saber que hay que ahorrar agua, porque fíjese usted la cantidad de agua que gastan los murcianos con el trasvase del Tajo-Segura y lo que se podría no gastar… Si mi Mariano levantara la cabeza, que habría hecho 93 años para Los Santos… El pobre mío que sólo se lavaba los jueves que caían en días pares para ahorrar…

– ¿Y qué destacaría del curso?

– Muy bien todo. Muy maja la Alma y el Luciano… uy, el Luciano. Qué hombretón, qué prestancia, qué pico, qué planta más buena… y qué saber más sabio. La cantidad de cacharros y cachivaches que nos enseñó: que si es descompresor nuclear para altas presiones, que si el desobturador a pilas para riegos provechosos, que si la tubería autocompensada para cultivos descompensados… ¡un genio, un pro-hombre de la horticultura!

– ¿Y la clase práctica, cómo la valoraría?

– Mu bien todo, ya se lo he dicho. Mu majos los compañeros de clase. Agachándose para poner un cacho tubo, para cortarlo aquí y empalmar allá… mu, pero que mu entretenío. Tanto, que me voy todos los días al Retiro y les monto un riego todos los días. Los chicos de allí ya me han dicho que están hasta las narices de mí. Pero yo les digo que no se enfaden, que es que estoy mal del riego y creo que esto me puede ayudar.

– ¿Alguna cosa más a destacar?

– Sí hijo. Que es usted mu majo también y que tengo todavía una hija por casar. Mire a ver si viene más a menudo y se la presento, que es mu apañá, como su madre, y que igual le pone un riego por goteo que le hace unos garbanzos con callos que están para relamerese.

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